Magistral puesta en escena opereta Cofresí

Como parte de la celebración de su Centenario, la Universidad Interamericana de Puerto Rico presentó al pueblo puertorriqueño la joya musical, opereta Cofresí, música del más laureado compositor borincano, Rafael Hernández, con libreto original de Gustavo Palés Matos.

La Opereta cierra las actividades oficiales del Centenario de la Universidad Interamericana de Puerto Rico.  Un elenco estelar le dio vida a esta opereta, una historia de amor, que destacó la faceta patriótica del famoso personaje de la historia puertorriqueña.  El tenor Rafael Dávila logró impartirle fuerza interpretativa con su potente voz, al pirata Cofresí.  La soprano Elaine Ortiz Arandes cantó con voz melodiosa y cálida e interpretó a la dulce Amparo Amador, el amor de Cofresí.   El barítono Guido Lebrón como el gobernador, la mezzosoprano Ilca López como Gabriela y Manolo González como el Alcalde, aportaron con su veteranía y talento probado, el apoyo vocal de estos personajes.  Un simpático y talentoso grupo de piratas, compuesto por estudiantes del Recinto de San Germán, cantaron y actuaron como grandes profesionales.  Conocidas figuras locales del arte dramático interpretaron los papeles actorales, destacándose entre ellos, el actor Gil René, quien con picardía y simpatía interpretó el pirata Juan Ginorio, alias el Dominicano.  También actuaron Provi Seín, Angel Vázquez, Cristina Sesto y Mariana Quiles bajo la dirección artística del veterano director Pablo Cabrera, quien estuvo a cargo de la adaptación del libreto para la renovada presentación.  Una monumental y magistral escenografía, que recreó una villa en Cabo Rojo, la costa del oeste de Puerto Rico, barcos y velas, fue construida por Checo Cuevas y Antonio Martorell.

Un coro de cuarenta voces dirigido por el doctor William Rivera cantó vibrante las voces del pueblo y la regia ejecución musical de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, bajo la dirección del maestro Roselín Pabón, completó la espectacular puesta en escena de esta hermosa opereta.

Estudiantes del Programa de Música del Recinto de San Germán de la Universidad Interamericana, también formaron parte de este memorable elenco.  También, estudiantes del programa de Comunicaciones del Recinto de Bayamón laboraron en la producción.  Además, estudiantes del taller de teatro Inter – Metro participaron en escena y estudiantes de arte, trabajaron mano a mano en el taller de arte del pintor Antonio Martorell.

El presidente de la Universidad Interamericana, licenciado Manuel J. Fernós, explicó que el musical fue estrenado en el Teatro Tapia de San Juan, el 21 de diciembre de 1949 y se repuso 29 años después en el mismo escenario, en el 1978, en una producción de la Fundación Puertorriqueña de Zarzuela y Opereta.  “Nunca se grabó ni se ha vuelto a presentar en casi 35 años, por lo que su próxima presentación persigue rescatarla del olvido, aparte de obsequiar al pueblo una razón más para sentirse orgulloso de sus talentos inmortales, como lo es El Jibarito, Rafael Hernández, quien no sólo cultivó la música popular con sonado éxito internacional, sino que además fue un estudioso exponente del género clásico, particularmente mediante sus operetas Cofresí, Alma Criolla y Amarga Navidad.

En el proceso de producir la obra, surge que la misma se hallaba incompleta y con versiones incompatibles. Por eso, bajo la supervisión del maestro Pabón y el auspicio de Peer Music International (firma poseedora de los derechos de autor), la Universidad Interamericana asumió el reto de reconstruir la música en su totalidad, incluyendo la reorquestación y la restitución de varios números que no se habían interpretado desde su estreno hace casi 64 años. 

La opereta Cofresí incluye obertura, arias, dúos, un breve interludio instrumental, conjuntos y coros de una gran belleza representativa, dignos del genio musical del insigne Rafael Hernández.

La figura central de esta pieza se debate entre la realidad histórica y las leyendas que inspiró.  El pirata Roberto Cofresí nació en el 1791 en Cabo Rojo.  Huérfano de padre desde los cuatro años de edad, fue su progenitor el alemán Franz Von Kupferschein y su madre, María Germana Ramírez de Arellano. Roberto, cuyo apellido Kupferschein fue españolizado como "Cofresí", recorría las aguas del Atlántico y el Mar Caribe, interfiriendo con el comercio antillano (sacudido ya por los aires revolucionarios de las colonias españolas contra su metrópoli), lo que motivó al gobernador Miguel de la Torre y al gobierno de Estados Unidos, a tomar medidas drásticas.

Como narra el historiador Cayetano Coll y Toste, “Roberto Cofresí y Ramírez de Arellano… era un joven altivo, de 26 años de edad, robusto, valiente, audaz y de bravo aspecto.  Unido a 15 compañeros de la piel del diablo, eran el terror de estos mares antillanos con sus piraterías.  Para satisfacer a la vindicta pública y asegurar el reposo y tranquilidad de estas islas, fueron pasados por las armas en la mañana del 29 de marzo de 1825”.

No obstante, la obra presenta la historia de amor del pirata Roberto Cofresí con la castellana Amparo Amador y gira alrededor de la venganza por la deshonra de su familia a manos de un oficial del ejército español.

Entre los propósitos de la Interamericana, al presentar esta obra musical, se pretende conservarla para la historia de la música puertorriqueña y promover su integración al repertorio del teatro lírico local e internacional, de modo que el público local y de todos los escenarios en que se presente pueda apreciar la maestría de nuestro compositor icónico, que no tiene absolutamente nada que envidiar a otros exponentes hispanoamericanos y caribeños de zarzuela y opereta, que han gozado de mayor exposición por diversidad de razones.

La belleza de la música de Cofresí - una pieza única en su género en Puerto Rico - y su ya legendaria proyección histórica hacen de la recreación de esta opereta una significativa contribución al escaso repertorio del teatro lírico nacional.

Para la Universidad Interamericana, el rescate de Cofresí  sirvió como plataforma de lanzamiento para el redescubrimiento de los tesoros escondidos en la obra siempre vigente, pertinente y subyugante de nuestro genio musical Rafael Hernández.